Las empresas privadas dedicadas al procesamiento del petróleo que tuvieron un enorme crecimiento a partir de 2015, se encuentran con sus negocios amenazados a partir de algunas disposiciones del gobierno de la República Popular China sobre normas medio ambientales y el abastecimiento doméstico de combustible. Las refinerías privadas chinas están viendo cómo se van quedando, poco a poco sin campo de comercialización y deberán buscar nuevos nichos y horizontes.

Las “teteras” ya no humean

En el año 2015, el gobierno chino autorizó a las refinerías privadas chinas a importar crudo. Las teteras – como se las conoce en el mercado a estas refinerías – comenzaron un gran proceso de expansión que colocó a muchas refinerías asiáticas en serios riesgos. El negocio era sencillo, se adquiría el crudo a las grandes productoras de petróleo, las teteras lo procesaban y luego exportaban combustibles a todo el mercado asiático.

Ahora, el gobierno chino, dispuesto a bajar sus enormes niveles de contaminación ha comenzado a retacear los permisos de exportación a las refinerías privadas chinas, que deberán contentarse con volcar parte de su producción al mercado doméstico ya bastante abarrotado de combustible y donde deberá competir con los dos gigantes estatales: PetroChina Co. y China Petroleum and Chemical corp., conocida internacionalmente como Sinopec.

Las operaciones de las refinerías privadas chinas

El gobierno chino controla la actividad otorgando cuotas a las refinerías privadas chinas para la importación de crudo y luego, otorga los permisos para la exportación de productos terminados, fundamentalmente diésel y gasolina, controlando así los volúmenes de exportación.

Lo que en un momento fue un boom y el gobierno lo utilizó para empujar la competencia en su propio país y el desarrollo de las empresas estatales, terminó convirtiéndose en un problema para todo el mercado asiático y el doméstico en China.

Durante 2016 y en medio de las crisis del precio del crudo, las refinerías privadas chinas no usaron en su totalidad la cuota de exportación de combustibles que les correspondía. Y para no perder las autorizaciones de exportación, se dedicaron a producir y volcar esa producción al mercado doméstico provocando un exceso en las existencias.

Este año, el gobierno ha concedido permisos de importación de crudo a las refinerías privadas chinas que representan sólo el 62% de los otorgados en 2016, y los volúmenes de exportación de combustible han sido concedidos exclusivamente a las empresas estatales.

El problema ambiental

El gobierno chino ha utilizado la necesidad de bajar los niveles de emisiones de dióxido de carbono para reducir las operaciones de las refinerías privadas chinas. Pero, en realidad, está realizando una gran contribución a lograr un equilibrio en el mercado regional de combustibles que se encontraba amenazado por la producción y exportación desde China.

En 2016, China exportó un volumen de 314.000 barriles de diésel y 221.000 barriles de gasolina diarios, según informe de la Administración General de Aduanas. Una cifra récord. Ahora, con las restricciones, el mercado asiático respira aliviado y Japón y Corea del Sur buscarán ocupar el espacio vació que quedará en los niveles de combustible.

La restricción de cuotas de exportación a las refinerías privadas chinas “posiblemente tenga que ver con el debate en curso sobre su contribución a la contaminación”, señaló Michal Meidan, asesor de Energy Aspect Ltd. con sede en Londres.

Las teteras deberán comenzar a buscar otros nichos, sin infraestructura de gasoductos y almacenamiento, el gran negocio que fue, parece ya necesitar otros rumbos.