Hace cuatro años, Grecia se debatía en medio de una crisis profunda. Las alternativas eran muy pocas, o aceptaba el rescate de los bancos y Fondo Monetario Internacional o se separaba de la eurozona. El nivel de endeudamiento alcanzaba proporciones inéditas y la economía griega se reducía un 25%. Sin embargo, hoy integra el lote de países europeos que ofrecen títulos de deuda con tasas negativas. Los inversores le prestan a Grecia y reciben menos de lo que prestaron. Las perspectivas son de que su PIB crezca por encima del resto de los países de la eurozona ¿Cuáles son las razones de este despegue?

Cuando Grecia cayó en el abismo

Grecia acaba de colocar deuda de corto plazo – tres meses – con un rendimiento del -0,02%. Los inversores adquirieron 490 millones de euros en bonos. Nadie hubiera imaginado que este país que estaba al borde de la explosión hoy colocaría deuda con rendimientos similares a las principales naciones europeas.

La colocación de bonos de deuda por parte del gobierno de Grecia, con tasas negativas, muestra la confianza de los inversores, dispuestos a recibir menos que lo aportado. Hace una semana, el país colocó bonos a 10 años con un rendimiento del 1,5%. Nada mal para un país que hace solo 6 años tenía el rendimiento para esos títulos en el 24%.

Si nos ubicamos 4 años atrás, recodaremos una Grecia asfixiada por un nivel de endeudamiento que alcanzaba el 180% del PIB. El país helénico recibió unos 225 mil millones de dólares en concepto de rescate, por parte del FMI y bancos europeos. El nivel de la crisis que se había instalado en Grecia ofrecía como alternativa la salida del euro.

Las razones de este cambio

Los fondos para el rescate de Grecia no vinieron solos, sino que lo hicieron acompañados de una serie de medidas de ajuste. Esto trajo aparejado grandes conflictos sociales. Pero, a juzgar por los resultados, las medidas están dando resultado.

El gobierno griego impulsó una fuerte política de recorte de gastos. La planta de funcionarios se redujo en un 25%. Salarios y jubilaciones se recortaron un 30%. El resultado fue una caída de los niveles de consumo y un crecimiento de la tasa de desempleo.

A 4 años de esa debacle, las estimaciones esperan que la economía griega crezca en 2019 un 2,1%. Mientras tanto, los principales países europeos están golpeando las puertas de la recesión. Otro dato, en septiembre la actividad industrial en Grecia exhibió indicadores positivos, mientras el resto de Europa veía cómo se derrumbaba la producción manufacturera.

Los bancos locales están viendo esto y se han convertido en los principales compradores de deuda de corto plazo. La intención es que esos títulos oficien de garantía para los movimientos de préstamos destinados a incentivar la producción y el consumo.

Grecia se ha convertido en un caso testigo de cómo pasar de la hecatombe a ser elegida por los inversores. Todo eso en tan solo 4 años.

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