El próximo 29 de marzo está previsto que, de manera formal, se dé el comienzo del Brexit. Ese día, la primera ministra del Reino Unido, Theresa May presentará antes las autoridades de la Unión Europea los documentos, solicitado de manera oficial la separación del Reino Unido respecto a la Unión Europea, que integra hace 40 años. Esto fue resultado de la reunión que el enviado del gobierno británico, Tim Barrow, con el presidente de la Unión Europea, Donald Tusk. Nada parece fácil en el horizonte.

El tormentoso comienzo del Brexit

Se especula que luego que Theresa May invoque el artículo 50 del Tratado de Lisboa, las conversaciones que culminarán en el divorcio entre el Reino Unido y la Unión Europea llevarán unos dos años. Luego de ese plazo, el país de la libra esterlina ya no pertenecerá más a la unión.

Las negociaciones para la salida del Reino Unido no serán fáciles. El comienzo del Brexit estará signado por fuertes sacudones en el plano interno como internacional. El gobierno de Escocia, unida a Gran Bretaña desde hace más de 300 años, quiere un nuevo referéndum para romper esta alianza y poder continuar en la Unión Europea.

Por el lado del gobierno británico, éste pretende recuperar su soberanía respecto a la política de inmigración y la legislación nacional – hasta hoy regidas por las normas de la unión – sin perder los buenos acuerdos comerciales. Es decir, los británicos pretenden seguir gozando de los “privilegios” que otorga ser parte de la UE, sin tener que hacerse cargo de las responsabilidades colectivas.

¿Qué dice la Unión Europea?

En medio de la ola de nacionalismos rupturistas, los funcionarios de la Unión Europea aseguran “estar listos” para el comienzo del Brexit, pero no están dispuestos a hacerle fácil el camino a los británicos. Para el gobierno de la Unión Europea, generar condiciones ventajosas en el aspecto comercial, en los acuerdos con el Reino Unido, es un perjuicio para el resto de los países miembros y alimento para aquellos sectores populistas que sostienen que “romper la UE” no trae consecuencias.

Para los empresarios británicos, si no se logran acuerdos comerciales como los que se tenían hasta ahora, el Reino Unido entrará en una peligrosa zona de incertidumbre económica y financiera.

Otro punto del debate es la cuota de salida, que las autoridades de la UE estiman en 64.000 millones de dólares.

El comienzo del Brexit y un final complicado

De lado de la UE, las negociaciones están encabezadas por Michel Barnier, quien ya presentó a sus pares británicos los lineamientos de un primer proyecto de ley. En él, los europeos aseguran que no están dispuestos a discutir los aspectos de los acuerdos comerciales hasta que no se resuelvan los términos legales y políticos, respecto a inmigrantes – de un lado y del otro de la frontera – y otros temas sensibles. Por su parte, Gran Bretaña quiere discutir de manera paralela para poder llevar tranquilidad a sus mercados.

La falta de acuerdos podría llevar a una ruptura acelerada. Sucede que el Reino Unido destina el 44% de sus exportaciones a la UE, la falta de acuerdos comerciales dejaría expuesta a la isla a las tarifas de la Organización Mundial del Comercio.

Quienes integran el equipo de negociadores de Theresa May sostienen que la UE quiere hacerles pagar un alto costo por este comienzo del Brexit. Lo cierto es que existe una gran incertidumbre, se profundiza la crisis política con Escocia y hacia el interior del Reino Unido se dice que, ahora, los partidarios del Brexit deberán toparse con dura realidad.

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