Abundaron los llamados a las acciones unitarias y al bipartidismo. Así caracterizaron la mayoría de los medios al discurso sobre el Estado de la Unión pronunciado el martes por Donald Trump. Sin embargo, el discurso presidencial se destacó por la insistencia en los temas que han mantenido a demócratas y republicanos profundamente divididos. Luego de 35 días de cierre parcial del gobierno federal, la Casa Blanca redoble su apuesta por el muro que divide con México. Con el mandato presidencial a mitad de camino, la popularidad de Donald Trump está por debajo del 30%.

Un muro que divide mucho más que dos a países

El presidente Donald Trump pronunció el tradicional discurso anual sobre el Estado de la Unión en un escenario caracterizado por condimentos varios. La exposición del presidente debió ser pospuesta debido al cierre del gobierno federal durante 35 días. Además, fue el primero con un Congreso dividido, los demócratas controlando la Cámara de Representantes y los republicanos haciéndose fuertes en el Senado.

En su intervención, Trump volvió a reclamarle a los demócratas el apoyo a un presupuesto que incluya los 5.700 millones de dólares necesarios para construir el muro que divida a Estados Unidos de México. Y dado que Donald Trump no ofreció nada a cambio de ese voto positivo, todo se pareció más a un chantaje. “Voy a construirlo” sentenció el presidente y dejó abierta la puerta a un posible nuevo cierre del gobierno.

El discurso sobre el Estado de la Unión dejó en claro que la política sobre inmigración está lejos de flexibilizarse. Los negados de visas para ingreso al país y la expulsión sistemática de inmigrantes están generando conflictos importantes en los sectores comercial e industrial.

La Casa Blanca había “prometido” que en el Estado de la Unión iba a verse a un Donald Trump mesurado y tendiendo puentes hacia la oposición demócrata. Nada de eso ocurrió.

¿Estado de la Unión o preparativos de campaña?

No deja de sorprender el método utilizado por el presidente Donald Trump en su discurso. Lejos de buscar consensos, luego de cada mención de acciones y leyes que fueron producto de esos consensos, hubo párrafos con fuertes ataques a las posiciones demócratas.

Donald Trump cuestionó con dureza el ingreso al Congreso de los Estados Unidos de legisladores demócratas con cierta orientación socialista. “Estados Unidos nunca será un país socialista”, dijo el presidente. Amenaza que, por cierto, no está en el imaginario de nadie en el país.

El presidente utilizó la tribuna del Estado de la Unión para encrespar más los ánimos. Convocó a los sectores que se manifiestan contra el derecho al aborto a rechazar la ley que es promovida por los demócratas.

En materia internacional, Donald Trump eligió dos temas que le sientan cómodos: el retiro de tropas norteamericanas de los conflictos en Siria y Afganistán. Además, hizo referencias al enfrentamiento comercial con China, aunque en este punto republicanos y demócratas coinciden en el diagnóstico, no comparten a solución.

El salón que fue testigo del discurso sobre el Estado de la Unión estuvo cargado de simbolismos. Las mujeres demócratas lucieron un atuendo blanco sufragista. La legisladora Alexandria Ocasio- Cortez exhibió un pin con la imagen de la niña guatemalteca muerta en la frontera con Estados Unidos. Más allá de las palabras, todo parece estar muy lejos de zanjar las diferencias.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here