La tokenización no está cambiando la bolsa. Está cambiando algo más importante

La semana pasada, después del artículo sobre el horario del Nasdaq, un lector me escribió preguntándome si valía la pena comprar acciones tokenizadas ahora que «ya todo se está moviendo a la blockchain».

Le respondí con una cifra y se quedó callado. Se la doy a usted también, pero al final, porque primero necesitamos entendernos.

Qué es la tokenización, en treinta segundos

Tokenizar un activo es representarlo como un registro en una cadena de bloques.

Nada más. No es convertir la acción en criptomoneda, no es que Apple se vuelva Bitcoin. Es cambiar el cuaderno donde se anota quién es dueño de qué.

Hoy ese cuaderno lo llevan cámaras de compensación y depósitos centralizados. Cuando usted compra una acción, no le entregan nada: alguien anota en un registro que ese título pasó de un titular a otro, y esa anotación tarda uno o dos días en volverse definitiva. Es lo que se llama liquidación T+1 o T+2.

La promesa de la tokenización es que ese registro sea compartido, que se actualice solo y que la anotación sea inmediata. La operación y la liquidación pasan a ser el mismo acto.

Suena menor. No lo es. Pero tampoco es lo que le están vendiendo.

Los números que no aparecen en los titulares

Acá viene la cifra con la que se calló mi lector.

Todas las acciones tokenizadas del mundo suman 1.890 millones de dólares. Sí crecieron rápido —en marzo eran 951 millones— pero esa es la cifra completa. Todas las acciones, en todas las plataformas, del planeta entero.

Y no es una cifra limpia. Ahí adentro hay cosas muy distintas metidas en la misma bolsa: algunas son acciones ordinarias emitidas por la propia compañía, pero otras son notas estructuradas, certificados, derechos de custodia o exposiciones sintéticas. No todas son lo que el nombre sugiere.

El mercado accionario no se mudó a la cadena. Punto.

Ahora mire el mercado de tokenización completo, sumando bonos, materias primas, crédito privado e inmuebles. Depende de cómo se mida: entre 33.000 y 60.000 millones de dólares repartidos en más de 7.000 productos.

Y este es el dato que a mí me parece el más revelador de todos: 32.900 millones de dólares, repartidos en 910 activos, registran cero transferencias semanales. Existen. Están tokenizados. No se mueven.

Más de la mitad del mercado es un activo que alguien puso en una cadena de bloques y ahí se quedó, quieto.

La remodelación

Imagine que está remodelando su casa.

Usted quiere hablar del mesón de mármol de la cocina. Es lo que se ve, lo que se fotografía, lo que enseña cuando llegan visitas. Lleva tres semanas eligiendo el color.

Pero el maestro le dice que la tubería es de 1960, que está fatigada, y que no tiene sentido poner mesón nuevo si al año siguiente hay que romper la pared para cambiar los tubos. Le propone empezar por ahí: seis meses de obra, mucha plata, y al terminar la casa se ve exactamente igual que antes.

Nadie fotografía tuberías. Nadie escribe titulares sobre tuberías.

Pero si la tubería falla, el mesón de mármol no sirve para nada.

La tokenización de acciones es el mesón. Lo que de verdad se está construyendo son los tubos.

Y los tubos ya se están cambiando: en el dinero

Acá está el giro de este artículo.

Mientras las acciones tokenizadas suman 1.890 millones, las stablecoins —que no son otra cosa que dinero tokenizado— suman 305.000 millones de dólares. Ciento sesenta veces más.

Y los bonos del Tesoro estadounidense tokenizados llegan a unos 15.000 millones, con el 99% de esos tokens circulando de verdad por infraestructura pública en lugar de quedarse quietos en libros internos. Es la única categoría que alcanzó madurez de grado institucional.

Léalo junto: dinero y deuda soberana avanzaron. Acciones, casi nada.

Eso no es casualidad ni retraso. Es el orden lógico de la obra. No se puede liquidar instantáneamente una operación si el dinero con el que se paga sigue tardando dos días en llegar. Primero el efectivo, después el colateral, y solo al final los activos de riesgo.

Los tubos antes que el mesón.

Japón, y la prueba de que esto va lento

Si algún país está haciendo esto en serio, es Japón. Y su calendario es la mejor prueba de mi argumento.

Los reguladores japoneses, el Banco de Japón y las principales instituciones financieras del país están diseñando un sistema nacional de liquidación con tecnología de cadena de bloques para acciones y bonos. La pieza clave es que usaría reservas del banco central en forma tokenizada, lo que llevaría los tiempos de liquidación prácticamente a cero.

Fíjese en el calendario: el trabajo arranca a comienzos de 2027 y la operación plena se contempla para comienzos de la década de los treinta.

Una década.

Y no es un país indeciso: es el banco central, el regulador y los grandes bancos remando juntos, con dinero y voluntad política. Si a Japón le toma diez años, la pregunta de «¿cuándo llega esto?» tiene una respuesta bastante clara.

En Estados Unidos el ritmo es parecido, aunque menos anunciado y algo más avanzado.

En julio, la DTCC —la institución que liquida prácticamente todas las acciones estadounidenses— ejecutó sus primeras operaciones de producción con valores tokenizados. JPMorgan tokenizó parte de su posición en el fondo QQQ conservando la posibilidad de reconvertirla en acciones tradicionales, y entre los primeros activos aparecieron también Microsoft, Circle y el SPY. El lanzamiento completo está previsto para octubre, amparado por una carta de no acción de la SEC por tres años, con alcance sobre acciones del Russell 1000, los grandes ETF y deuda del Tesoro.

Y acá está el detalle que resume este artículo entero, y que aparece en la propia documentación regulatoria: en ese esquema, la propiedad registrada de los títulos no cambia. Las acciones siguen inscritas a nombre de Cede & Co, igual que hoy. Lo que se tokeniza es el derecho sobre el título, no el registro de propiedad.

Están cambiando los tubos. La casa se ve igual.

Los riesgos, sin dramatismo

Tres, y ninguno es el que suele mencionarse.

El primero es de custodia. Un token representa un activo que alguien tiene que estar guardando de verdad. Si el custodio falla, miente o emite más tokens de los que respalda, la cadena de bloques registra impecablemente una propiedad que no existe. La tecnología garantiza el registro, no la existencia del respaldo. Es una diferencia enorme y se pasa por alto todo el tiempo.

El segundo es de liquidez, y ya lo vimos. Un mercado donde 32.900 millones no se mueven en una semana no es un mercado: es un almacén. Poder vender algo instantáneamente no significa nada si no hay quien lo compre.

El tercero es de forma legal. Cuando en la misma categoría conviven acciones ordinarias, notas estructuradas y derechos de custodia, el inversionista minorista tiene serias dificultades para saber qué compró exactamente. No es una preocupación mía: la propia SEC ha señalado que muchas de las ofertas que se presentan como acciones tokenizadas no otorgan la propiedad de la acción, y por lo tanto vienen con menos protecciones. Esa confusión, históricamente, siempre se le ha cobrado a alguien.

Lo que le dejo

Yo no soy escéptico de la tokenización. Creo que es el cambio de infraestructura más importante desde la desmaterialización de los títulos físicos, y creo que va a pasar.

De lo que sí soy escéptico es del calendario que le están vendiendo. Cuando alguien le diga que la bolsa se está mudando a la cadena de bloques, acuérdese de dos números: 1.890 millones en acciones tokenizadas y una década de plazo en el país que más en serio se lo está tomando.

Y quédese con lo importante, que es lo aburrido: lo que se está tokenizando de verdad no son las acciones. Es el dinero.

De lo cual se desprende una pregunta incómoda que no vamos a resolver hoy. Si el registro es compartido, si la liquidación es instantánea y si el dinero mismo vive en la cadena, ¿para qué sirven exactamente las instituciones que hoy se dedican a llevar el registro, a liquidar y a custodiar el dinero?

De eso hablamos la próxima semana.

¿Usted qué opina? Escríbame abajo.

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